Bienvenido el mes de diciembre queridos lectores, la vida está llena de comienzos y finales y en este caso llegamos al final de este año 2023, como siempre haciendo balance de todo lo vivido estos 12 meses y programando para el año que entra.
Este mes viene cargado de navidad y amor, pero también sé que para muchos viene cargado de tanta tristeza que es como si la navidad pasara de largo. Falta alguien, y este año no puede celebrar la navidad con nosotros y quizás es la primera navidad sin ese ser amado y eso es muy doloroso.
Dicen los orientales que cuando un ser querido fallece, debe pasar un año y todas las fechas y celebraciones importantes para llegar a aceptar totalmente la pérdida, pues no hay realidad más auténtica para darnos cuenta de que nuestro ser querido ya no está, que su ausencia en todas las fechas significativas.
Quiero con este artículo llenarlos, aunque sea un poco de todo eso que creen haber perdido; la esperanza, la fe, las ganas de sonreír, y de vivir porque su ser querido ya partió a otro plano y sé que ahorita lo quieren con ustedes y que lo único que les vale es la presencia física, esa que conocen desde que nacieron, pues no nos enseñan a amar de otra forma.
Hoy les diré algo y es que “A silla vacía, lleno el corazón”, porque, aunque les suene repetitivo de verdad les aseguro que lo realmente importante se queda aquí con ustedes, se queda en el corazón. “Cuando el ser amado muere pasa de estar entre nosotros, a estar en nosotros”, y no hay amor más grande que aquel que no necesita de adornos o de presencia.
“La muerte se puede llevar lo tangible, pero el amor, esa es una batalla perdida para la muerte, porque ese no se lo puede llevar”, como tampoco todos los momentos vividos y las lecciones que esa persona nos enseñó.
Quizás hace muy poco que perdiste a ese ser querido y por supuesto debes validar tu dolor ante ti y también ante tu familia, incluso aunque ellos no lo comprendan. La muerte no nos avisa cuando va a llegar y en fechas donde todo el mundo quiere celebrar quizás para ti no es el momento. Y yo apoyo profundamente darnos lo que necesitamos en nuestro duelo, siempre con consciencia, acompañamiento y una ligera disciplina para no perdernos a nosotros mismos, pero hay que validar el dolor. Y los familiares deben respetar ese dolor siempre y cuando haya como digo unas pautas y límites, porque no se vale convertir el dolor en un sufrimiento victimizándose porque nuestro ser amado no puede compartir con nosotros la vida, porque déjenme decirles con todo el respeto y cariño que cuando lloramos lo hacemos más por nosotros, pues esa persona ya llegó a puerto seguro, ya se graduó de la vida y nada malo le puede ya pasar, pero a nosotros si nos pasa, nos duele, y lloramos no porque esa persona ya no nos tenga, sino porque nosotros no la tenemos a ella.
Es muy triste que esa persona ya no pueda disfrutar la vida, eso nos causa dolor también, pero si lloramos porque quien amamos perdió lo más valioso que es la vida, ¿con qué derecho vamos a desperdiciar la nuestra quedándonos viendo el piso lo que nos resta de la nuestra en nombre del amor?
No sé qué circunstancia te toca vivir en esta navidad, si tienes a todos los tuyos, si perdiste seres queridos pero ya lo has aceptado y trabajado o si por el contrario acabas de perderlos y aún no lo has asimilado, independientemente de esto y con lo dicho anteriormente de validar el dolor quiero decirles que “El amor siempre le gana al dolor”, somos nosotros los que nos aferramos al dolor creyendo que todo se acaba con la muerte, y les diré que la muerte solo acaba con el traje que llevamos puesto, con nuestra apariencia física pero con nada más. “La muerte de una persona no es el final de todo, solo es el final de una de las partes”.
Elisabeth Kübler Ross decía: “Cuando morimos pasamos de un estado organizado como lo es el cuerpo, a un estado desorganizado donde nuestra energía está por todas partes”. El cuerpo físico solo puede estar en un sitio a la vez, pero su energía en muchos.
Si este año no sienten celebrar la navidad porque el dolor es muy intenso, al menos celebren la vida y el amor que siempre existirá. No dejen que este año haya una silla vacía, retiren la silla que ya no será usada por un cuerpo, pero permitan que su hogar se llene de todo el amor que existe entre ustedes y el ser amado, agradezcan las bendiciones vividas y recuerden las mejores anécdotas, porque todo eso ya se vivió, y nada lo puede borrar. Lloren, pero lloren por la bendición de haberlo tenido y no por el dolor de haberlo perdido.
Su ser querido vale mucho más que quedarse toda la vida triste, pues no por más amor significa que honrarlo viene con más dolor.
La mayor honra es ser felices y seguir viviendo con gran intensidad y plenitud, llevándolo siempre en nuestro corazón y en nuestros recuerdos.
Deseo que esta navidad no haya silla vacía, sino que haya corazones llenos de infinito amor.
Con cariño, ¡Les abrazo!
