El apego, la mayor causa de sufrimiento

El apego es el vínculo que tenemos hacia una persona o una cosa. Se adquiere desde el nacimiento con nuestros progenitores y continúa a lo largo de nuestras vidas. Sintiendo la necesidad del otro, “Nos necesitamos”.  

Pero existe una gran diferencia entre el vínculo instintivo que se crea garantizando nuestra supervivencia, a la dependencia y apego insano que creamos en la adultez. 

Incluso hay creencias falsas que nos hacen aferrarnos muchísimo hasta el punto de pensar que sin esa persona o ese objeto no podremos ser felices y estas se basan en creer en la permanencia, seguridad y felicidad basada en lo externo. 

Y lo cierto es que nada dura para siempre, que la felicidad no es un estado permanente. Aferrarnos a que lo externo nos de seguridad no garantiza nuestro bienestar, pero si nos sentimos seguros por nosotros mismos podremos afrontar cualquier circunstancia por más dura que sea. 

Si esto lo trasladamos a la pérdida de un ser querido entendemos que apegarnos a la idea de que nunca nos faltará, nos dificultará la aceptación en el momento de su pérdida. Si sentimos que nuestra seguridad depende de esa persona, cuando nos falte, nos encontraremos en situación de peligro y perdidos. 

Si dejamos que nuestra felicidad se base en otra persona, entendiendo así que su estado terrenal es lo que nos hace felices, cuando no esté, la vida para nosotros no tendrá sentido, porque tendremos la creencia de que jamás volveremos a ser felices. 

El apego juega un papel muy importante ante las pérdidas y es algo que deberíamos tener presente y gestionarlo para que no nos complique los procesos de duelo o cambio. 

La vida está llena de ciclos de principios y finales, nada dura para siempre y por este motivo hay que apreciar y disfrutar día a día lo que la vida nos regala, porque algún día será el final. 

En ocasiones nos paramos a mirar atrás y pensamos que no valoramos ni disfrutamos el estar vivo y todo lo que eso trae. Esto forma parte del miedo que tenemos a perderlo y es un círculo que jamás acaba ya que el miedo a perderlo no nos deja apreciarlo ni vivirlo y cuando lo perdemos nos arrepentimos de no haber vivido dejando simplemente pasar el tiempo. 

Abrazo de luz 

Estefanía Rodríguez 

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